sábado, 13 de febrero de 2010

La muerte cumple años


Por Juanjo Aguilera


Hoy se cumplen diecinueve años de la masacre de Al-Amirriya, Irak, en la que las fuerzas militares de los Estados unidos atentara de forma premeditada contra un refugio de civiles entre los que se encontraba un centenar y medio de niños. La masacre acabó con la vida de 403 personas en total con el objetivo de desmoralizar a la población para controlarla… ¿esto debiera llamarse ataque terrorista?

En la noche del 13 de febrero de 1991, la fuerza aérea de EEUU lanzó dos misiles contra el refugio de Al-Amiriya. Era el vigésimo octavo día de la guerra, de la que aún restaban otros 16 hasta el alto el fuego. En el ataque murieron 403 personas, de ellas 142 menores de diez años. El refugio albergaba cada noche a familias iraquíes del barrio, también a otras jordanas, sirias y egipcias, las cuales, en aquel frío invierno de la guerra, más que la protección contra los bombardeos aliados, buscaban en los refugios calor, luz y agua potable en una ciudad sin suministros desde hacía casi un mes. Un primer misil perforante abrió un agujero en el techo por el único punto vulnerable de la construcción, su instalación de ventilación, cuya ubicación exacta fue proporcionada a la aviación estadounidense por la empresa finlandesa que había construido el refugio años atrás. Apenas unos minutos después, un segundo misil penetró por el boquete abierto por el primero, produciendo una bola de fuego de 4.000 grados que abrasó a sus ocupantes, de muchos de los cuales tan solo quedaría -como en Hiroshima y Nagasaki- su silueta grabada por el calor en techos y paredes. *
EEUU justificó el ataque aduciendo que el refugio albergaba un centro militar de comunicaciones, una falsedad que la prensa internacional desmintió categóricamente. El Pentágono finalmente reconoció que se había tratado de un error. Sin embargo, el ataque fue premeditado. El primer misil se construyó ex profeso para el objetivo. Bagdad era una ciudad abierta, abandonada entonces por la mayoría de sus habitantes, que habían buscado seguridad en el campo y otras ciudades. El objetivo del ataque era aterrorizar a la población civil, provocando un sentimiento de vulnerabilidad que facilitara una rendición absoluta. *
Buscando las fotografías que completaran la documentación de esta nota di con imágenes de propaganda norteamericana que intentaban lavar la cara de la muerte. Soldados de los EEUU “protegiendo” a indefensos niños, pequeños huérfanos que perdieron a sus padres y familiares “por arte de magia”. Brotaron de mi boca los peores insultos y se cerró mi garganta por el asco… hasta donde pueden llegar algunos que se llaman humanos… hasta donde el engaño y la mentira.
Vino a mi mente de manera inevitable el nombre Haití. Se retorció en mi estómago la infamia y repasé la imagen de los alimentos para las víctimas con la bandera yankee a modo de etiqueta. Recordé la campaña de la última dictadura argentina que rezaba “los argentinos somos derechos y humanos”, absurda manera de tapar el reguero de sangre con un apósito para rasguños.
Me pregunté por qué la relación. La respuesta es casi obvia, aunque de tan evidente se nos pasa en lo cotidiano por delante de nuestras narices y sale del foco de la mirada: la muerte no sólo tiene mil caras, sino que además se disfraza con las más tiernas figuras.
Ángeles de la muerte… pueden aparentar venir del cielo pero no debemos olvidar su naturaleza, no podemos distraernos, nuestro olfato no se confunde, huelen a podrido, llevan el olor de la sangre y el dolor de sus víctimas.

*En una de las fotografías se muestran las huellas de las manos de las víctimas del refugio al-Amiriya grabadas por el calor de la explosión en la pared.
*Información del Centro de Documentación e Iniciativas Internacionales Al-Amiriya, Madrid.
Contacto: sadarim.miradas@gmail.com