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martes, 28 de junio de 2011

El globo

Por Juanjo Aguilera

Mi hijo volvió de la calle con un globo que le habían regalado. Era azul, con una “carita feliz” y decía “Mauricio 2011”. Me hizo un chiste y me dijo que era el regalo para el día del padre. Seguí la broma y luego de un “gracias” sobreactuado lo arrojé hacia un costado. Él rió.
Al rato se puso un poco más serio y me preguntó: ¿por qué no te gusta Macri?
En ese momento tuve que contenerme. A veces un padre guarda tantas sensaciones… ¿cómo hace uno para no decirle lo que siente?
Me hubiera gustado poder decirle: porque te usa, porque a vos te regala globos porque no sos pobre. Porque si vivieras en la calle hubiera mandado a sus gorilas a golpearnos como lo hizo.
Porque esos pobres a los que golpeó se cagan de hambre para pagar los negocios que hizo durante su fiesta menemista. Les falta un techo porque alguien debe pagar los zapatos que él usa.
¿Cómo se atreve ese tipo? ¿Cómo puede ser alguien tan inescrupuloso? ¿Qué piensa de la gente a la que trata como ignorante e intenta manipularla desde la inocencia de sus pequeños?
¿Qué ocurriría si alguien pateara la panza de su esposa embarazada como lo hizo su personal de la UCEP con una indigente (el embarazo se perdió, de acuerdo a las denuncias) en medio de un desalojo ordenado por él?
Y en este punto me pregunto ¿cómo hay bestias que, conociendo el caso, hacen la vista gorda por lo que pasó y van a votarlo? Gente que apoyaría la destitución inmediata de Cristina si un miembro de su gobierno hubiera hacho algo mucho menor. Asco, vergüenza ajena como porteño.
Pero bien… tuve que recomponer mi gesto y simplificar mi respuesta en un “porque es malo y no defiende a los pobres”. Yo sí me preocupo por mi hijo y sé que aún es muy chiquito para comprender que la gente que sonríe en cámara puede ser muy sucia.
Sería mejor pensar, vos y los que te apoyan, en lo bueno que hubiera sido que le dieras ese regalito tan simpático al chico que no llegó a la vida gracias a tus patadas.
Gracias, pero mi hijo no lo necesita.
Metete el globo en el culo.

Exageración de un fanático

Por Juanjo Aguilera

A veces cuesta entender, porque suena descabellado, que el fútbol es una representación casi teatral de la vida real. Si este criterio es bien comprendido sería muy útil para resolver cuestiones sociales. En esa puesta en escena deportiva muchas veces olvidamos el sentido de los clubes, el origen como entidades sociales.
¿Cómo se hace para llevar al fracaso y a la quiebra a un gigante? ¿Estará la respuesta en lo que todavía quedó de una Argentina con “empresarios” que ocuparon lugares que no les correspondían? ¿Por qué todavía está aceptado que una entidad social se maneje como una empresa?
Intermediarios que venden trabajadores (disfrazados de dioses del deporte) al exterior por millones que, mágicamente, nunca solucionan apremios económicos de los clubes.
Políticos salvadores que impulsan sus intereses desde el lugar que debería ocupar un socio apasionado por su gente y sus colores.
Chicos que vienen y van, que ya no sueñan con salir campeones del mundo con la Selección, sino ser millonarios en Europa con un “gato” enroscado al cuello.
Miles de tipos cagados de hambre celebrando el gesto de un jugador al presidente de un club tras hacer un gol por la disputa de un contrato millonario.
Otros miles de tipos que gritan goles de equipos extranjeros, sin darse cuenta de que esos triunfos significan la derrota de sus barrios, de sus corazones y sus colores.
Un continente (ya no un país) que envía lo mejor que tiene al viejo mundo, para que los reyes formen sus elencos circenses y se deleiten, a cambio de un poco de dinero que disfrutarán unos pocos negociantes.
Derechos de transmisión privados (por suerte hoy cayeron aquí) que hicieron creer a muchos que lo lógico era pagarle a algunos para poder ver lo que era de todos.
Dirigentes dictadores que acomodan el juego y sus jueces a sus intereses personales.
Una linda parodia de la crisis del 2001 en la que todo colapsa, en la que ya nada puede seguir disfrazado, en la que los que llenaron sus bolsillos están ocultos e impunes.
¿Es tan loco el planteo o esto se asemeja a un estilo en decadencia de lo que fueron ciertas “democracias” corruptas latinoamericanas?
A nosotros nos queda aprender que los clubes son nuestros, son sociedades sin fines de lucro (o deben serlo) tal como las pensaron sus fundadores. Son del común de la gente, para beneficio de ese colectivo, y no de unos pocos.
A los más chiquitos les seguiremos diciendo que sueñen, que si el equipo gana o pierde es porque jugó bien o mal, que los Reyes Magos… Papá Noel existe (perdón, había olvidado que cambiamos por la tradición capitalista).
Bueno, tal vez esté exagerando y me guío por mis pasiones. Tal vez mi equipo perdió porque trató mal la pelota. Seguro, estoy equivocado y es solo un juego.
Debo ser yo el que piensa que se cambió la idea de “mente sana en cuerpo sano” para una sociedad, por el concepto de “panza llena corazón contento” para unos pocos.

Buena gente

Por Juanjo Aguilera

Una vez, cuando era apenas estudiante de periodismo, me ofrecieron la posibilidad de comenzar a trabajar en el diario más grande del país. Por suerte tuve una sensación que nunca olvidé al entrar en la redacción: “esto no es un diario, esto parece un banco o una oficina llena de empleados”, pensé. Jamás acerqué una nota, tuve cierto olfato y dignidad, porque yo quería ser “periodista de verdad”.
Siempre les digo a mis alumnos cuando egresan que un periodista es exitoso, como cualquier otra persona, cuando es feliz y se siente bien con lo que hace, más allá de si se encuentra en un medio poderoso o en un kiosco.
Realmente, de corazón, no entiendo como alguien puede desempeñarse en un monopolio que ha hecho negocios desde la dictadura, que ha reconocido la posibilidad de que su dueña esté apropiando hijos secuestrados por los militares. Da asco.
Me pregunto cómo un periodista puede trabajar desde la mentira, difundir información falsa, manipularla u ocultarla para el beneficio de una empresa. Es como si un médico entrara a un hospital para matar.
Cómo hacen para poner la cara en la tv, plasmar su firma en un periódico o soltar la voz en una radio, sea en el rubro que sea, para cobrar un sueldo manchado con sangre mes a mes.
Y no hay escusas, un Hombre o una Mujer, debe tener altura moral para buscar otro empleo sin poner la extorsiva disculpa de “cómo hago para mantener a mi familia si dejo el medio”, cuando hay otras posibilidades de trabajo digno hoy.
Por suerte hay decenas que se fueron, que buscaron otro lugar de trabajo, muchos que pensaron en todos y no en sí mismos. Altura moral.
El concepto de obediencia debida ya nos ha hecho demasiado mal y, por suerte, ya no se trata de la vida en riesgo de quien se atreve a la verdad, sino de ser buena gente.

jueves, 28 de octubre de 2010

Gracias

Por Juanjo Aguilera

Sobre el fallecimiento de Nestor Kirchner

Hay un lugar, una plaza, la Plaza de Mayo, donde la muerte muchas veces nos reúne a los argentinos. Donde nos bombardearon, donde nos mataron, donde peleamos siempre.
Allí, cada vez que paso me corre un frio por la espalda. Recuerdos e imágenes del pasado, presente y futuro.
Pero volvemos una y otra vez, porque el secreto es que se trata del lugar donde nos hacemos fuertes, donde nos juntamos para enfrentar el dolor y la muerte.
Es allí también donde resucitamos, donde recuperamos la esperanza y volvemos a unirnos.
Es la Plaza de Perón, de Evita. La que le disputamos a la parca tantas veces y de la que volvemos victoriosos.
José Pablo Feinman, filósofo, dijo que ayer confirmó que Dios no es argentino. Muy cierto.
Hace unos años alguien comenzó una etapa nueva y nos devolvió la esperanza y la alegría a quienes pensamos en los demás, a quienes jugamos en equipo.
Desde hace algunos años volví a sonreir. Hoy a pesar de las lágrimas que muchos no podemos evitar, la sonrisa continúa; está anclada en nuestra ilusión.
Así que, a quien intenta mantener nuestra alegría un abrazo enorme. Y a quien la ha provocado: ¡adiós y gracias!


Fotos 2 y 3 Dana Cartannilica

domingo, 25 de julio de 2010

¿Por qué tenemos un Dios pagano?

Por Juanjo Aguilera


Había una vez un país que flotaba en el culo del mundo, una balsa que acogía náufragos de todos los tiempos. Bastardos desocupados, ex presidiarios que expulsaba Europa. Inquisidores dementes asesinos, contrabandistas que fundaban nuevas leyes a su medida. Dudosos lores sajones y monsieurs galos, emprendedores empresarios y benevolentes educadores de las chusmas. Negros mercancías sin almas.
Más tarde se subieron, judíos, gallegos, tanos muertos de hambre. Niñas devenidas a putas polacas y francesas.
Hoy, rusos, ucranianos, africanos, orientales emergidos del espanto. No nos olvidemos de los “indios”, que algunos quedaron.
“Argentina…país generoso” solemos decir… Y sí. El primer mundo usó de alfombra estas tierras y bajo ella escondió todas las basuras que encontró en su dorado universo. Eso sí, cobró el favor de nuestro progreso succionando las savia y sangre desde el “origen” de América hasta el futuro.
Nos hicimos desde esas raíces podridas y hoy somos un pequeño árbol que da frutos. Y es por eso que sentimos orgullo, aunque desde afuera nadie comprenda cómo puede alguien vanagloriarse de su cosecha amarga e imperfecta.
Argentinos, pedantes, irreverentes, soberbios. Creo que ya está explicado.
Me pregunto qué sería de ellos, los civilizados nacidos en el primer mundo, si las cosas fueran al revés. Ese primer mundo que no se horroriza por su tendal de millones de muertos y hambreados, cimiento de su opulencia, y si se escandaliza cuando decimos “que la sigan chupando”.
Por eso aquí tenemos un Dios pagano. Todos los que lo veneramos sabemos que no lo es y ahí está la gracia. Lo elevamos a esa dignidad precisamente porque estamos conscientes de que es humano, que es un negrito salido de la miseria como todos nosotros (más allá del tipo de miseria).
Es la síntesis de nuestra identidad. Nuestro gol con la mano, nuestra pequeña venganza y satisfacción de esclavos. La forma de demostrar que hicimos y hacemos magia desde la nada, que también nosotros podemos hacer algo mejor que nadie porque todos somos iguales en el universo.
Fue la manera de revelar que de igual a igual nadie es más poderoso que nadie. O la forma de corroborar la dolora verdad para el imperio: con el mejor pincel uno solo le pinta la cara a once tipos y hace el cuadro más bonito de la historia. Por eso les duele, porque quedó en evidencia que con mejores armas ellos hubieran quedado tan en bolas como nosotros, los sucios sudacas.
Por eso es nuestro Dios. Un dios miserable, un dios pecador, culpable, adicto, mágico, al que asquerosamente sólo le importan los humildes. El que sueña con la alegría de su gente y no con la culpa. El que escupe en la cara al poder.
Cómo no elevarlo a la altura de Dios. Cómo no dejarlo que nos ilusione aunque sospechemos que nos conducirá a la derrota.
“Poner las manos en el fuego” por alguien es fácil cuando estás seguro de que no te vas a quemar. Nosotros lo hacemos aunque sepamos que es muy factible que nos incineremos en el infierno, y ahí está la lealtad. Lo haremos una y otra vez, porque le debemos la ilusión, la alegría, el amor, todo eso que se preocupó por darnos sin que nadie lo exigiera.
Ahora, volviendo al tema de nuestras raíces podridas, me pregunto nuevamente qué sería de ellos si las cosas fueran al revés. La respuesta es fácil: serían Argentinos.


sábado, 13 de febrero de 2010

La muerte cumple años


Por Juanjo Aguilera


Hoy se cumplen diecinueve años de la masacre de Al-Amirriya, Irak, en la que las fuerzas militares de los Estados unidos atentara de forma premeditada contra un refugio de civiles entre los que se encontraba un centenar y medio de niños. La masacre acabó con la vida de 403 personas en total con el objetivo de desmoralizar a la población para controlarla… ¿esto debiera llamarse ataque terrorista?

En la noche del 13 de febrero de 1991, la fuerza aérea de EEUU lanzó dos misiles contra el refugio de Al-Amiriya. Era el vigésimo octavo día de la guerra, de la que aún restaban otros 16 hasta el alto el fuego. En el ataque murieron 403 personas, de ellas 142 menores de diez años. El refugio albergaba cada noche a familias iraquíes del barrio, también a otras jordanas, sirias y egipcias, las cuales, en aquel frío invierno de la guerra, más que la protección contra los bombardeos aliados, buscaban en los refugios calor, luz y agua potable en una ciudad sin suministros desde hacía casi un mes. Un primer misil perforante abrió un agujero en el techo por el único punto vulnerable de la construcción, su instalación de ventilación, cuya ubicación exacta fue proporcionada a la aviación estadounidense por la empresa finlandesa que había construido el refugio años atrás. Apenas unos minutos después, un segundo misil penetró por el boquete abierto por el primero, produciendo una bola de fuego de 4.000 grados que abrasó a sus ocupantes, de muchos de los cuales tan solo quedaría -como en Hiroshima y Nagasaki- su silueta grabada por el calor en techos y paredes. *
EEUU justificó el ataque aduciendo que el refugio albergaba un centro militar de comunicaciones, una falsedad que la prensa internacional desmintió categóricamente. El Pentágono finalmente reconoció que se había tratado de un error. Sin embargo, el ataque fue premeditado. El primer misil se construyó ex profeso para el objetivo. Bagdad era una ciudad abierta, abandonada entonces por la mayoría de sus habitantes, que habían buscado seguridad en el campo y otras ciudades. El objetivo del ataque era aterrorizar a la población civil, provocando un sentimiento de vulnerabilidad que facilitara una rendición absoluta. *
Buscando las fotografías que completaran la documentación de esta nota di con imágenes de propaganda norteamericana que intentaban lavar la cara de la muerte. Soldados de los EEUU “protegiendo” a indefensos niños, pequeños huérfanos que perdieron a sus padres y familiares “por arte de magia”. Brotaron de mi boca los peores insultos y se cerró mi garganta por el asco… hasta donde pueden llegar algunos que se llaman humanos… hasta donde el engaño y la mentira.
Vino a mi mente de manera inevitable el nombre Haití. Se retorció en mi estómago la infamia y repasé la imagen de los alimentos para las víctimas con la bandera yankee a modo de etiqueta. Recordé la campaña de la última dictadura argentina que rezaba “los argentinos somos derechos y humanos”, absurda manera de tapar el reguero de sangre con un apósito para rasguños.
Me pregunté por qué la relación. La respuesta es casi obvia, aunque de tan evidente se nos pasa en lo cotidiano por delante de nuestras narices y sale del foco de la mirada: la muerte no sólo tiene mil caras, sino que además se disfraza con las más tiernas figuras.
Ángeles de la muerte… pueden aparentar venir del cielo pero no debemos olvidar su naturaleza, no podemos distraernos, nuestro olfato no se confunde, huelen a podrido, llevan el olor de la sangre y el dolor de sus víctimas.

*En una de las fotografías se muestran las huellas de las manos de las víctimas del refugio al-Amiriya grabadas por el calor de la explosión en la pared.
*Información del Centro de Documentación e Iniciativas Internacionales Al-Amiriya, Madrid.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Muros II

Por Juanjo Aguilera

Siempre es bueno celebrar, aunque las corporaciones se prendan al exitismo y aprovechen para hacer marketing.

Hoy se cumplen veinte años de la caída del Muro de Berlín, acontecimiento de simbolizó la reunificación de las dos Alemanias impunemente divididas en nombre de la pacificación.

Pero más que brindar por el recuerdo del fin de una etapa oscura, sería oportuno aprovechar esta fecha para reflexionar. La intención no es aguar la fiesta, sino utilizarla para que nuestra mente no quede estancada en maravillosas imágenes de conciertos y fuegos de artificio transmitidos por tv.

Existen muchos muros concretos que no vemos o no quieren que veamos. ¿Cuántos podríamos enumerar? El de Cisjordania, construido por el gobierno de Israel para cercar aún más a los palestinos; el de Estados Unidos al sur, para aislarse de hambre sudaca; los que aíslan villas, favelas y cantegriles en el sur de América para que la “gente” no vea la miseria de quienes no son “nadie”… ¿cuántos más seríamos capaces de recordar?

Si hasta la Muralla China es visitada por cientos de miles de turistas al año, sin que al menos alguien pueda abstraerse del espectáculo que propone la “maravilla arquitectónica” para pensar el verdadero significado de esa catastrófica construcción levantada por los intereses políticos de la antigüedad.

Nada puede hacer el ciudadano común en lo inmediato. Pero sí hoy mismo podemos comenzar a derribar otras paredes, esas que no vemos y levantamos día a día dentro de nosotros: los muros interiores.

Cada vez que nos apartamos de los demás levantamos muros. Cada vez que se discrimina al otro por negro, blanco, amarillo, pobre o la ridícula excusa que fuere, agregamos bloques y cemento. Ladrillos que no se ven pero que golpean duramente a todos y justifican el horror de los imperios. Cemento que fragua atrapando nuestros pies y nos hunde en el fondo del río, nos sumerge en la verdadera miseria humana.

Cada vez que nos plegamos a la desmemoria que proponen los poderosos agregamos arena y cal a la estructura perversa. Cada vez que nos dejamos manipular por intereses políticos y olvidamos todos los muros que hay por desarmar en el mundo agregamos una pieza al cerco.

Cuantas alambradas somos capaces de percibir en el infinito de nuestro inconciente.

Muros interiores, muros del dolor…

Hace veinte años cayó el Muro de Berlín, símbolo de la guerra fría entre los que querían dividirse el mundo. Es fecha de recuerdo, de conmemoración, celebremos entonces… una nueva oportunidad para derribar la infamia.

martes, 13 de octubre de 2009

Asco

Por Juanjo Aguilera

Asco, indignación, vergüenza ajena. Barack Obama ha sido distinguido con el Premio Nobel de la Paz…
“¿Qué has hecho tu para merecer esto?” ¿Qué hemos hecho nosotros para ser humillados de esta manera? ¿Por qué se nos refriega en la cara tanta mentira, por qué se nos trata de inculcar todo el tiempo el cuento de la Cenicienta en versión neoliberal adaptada estilo Hollywood?
¿Acaso está a la altura de la Hermana Teresa de Calcuta, Rigoberta Menchú, Adolfo Pérez Esquivel, el Dalai Lama o Nelson Mandela? ¿Por ser negro y tener una bonita sonrisa?
El líder de la superpotencia que vende más armas y drogas en el mundo, que genera más muerte y miseria en toda la tierra ha sido premiado. ¿Acaso ocurrió y no nos enteramos que la CIA ha dejado de operar en el planeta por su orden? ¿Acaso ha desarmado sus ejércitos? ¿Ha hecho desaparecer sus corporaciones usureras? ¿Ha reparado las vidas de los que su país asesinó para sostener el “sueño americano”? ¿Al menos, se ha puesto al frente del gobierno de los Estados Unidos con la intención de que todo eso suceda?
Demasiadas preguntas de las que todos ya sabemos la respuesta. Parece ser que para muchos lo importante es la imagen; y a esto viene Obama, a limpiar las los charcos de sangre que su antecesor, Bush (¿o era Hitler?), ha dejado inundando toda la tierra. El estómago se revuelve otra vez, nauseas nuevamente. No hay forma de referirse a esto de manera elegante: nos rompen el culo, como siempre, pero ahora nos dicen que nos quieren y tratan de convencernos de que ya no dolerá.

jueves, 6 de agosto de 2009

Hiroshima y Nagasaki, a 64 años del genocidio



Por Juanjo Aguilera


Es muy difícil entrar en razón, comprender la magnitud del crimen que se llevó a cabo el 6 de agosto de 1945, si la foto habitual muestra un hongo de humo, escombros y un escenario desértico, el esqueleto de un edificio… no hay gente, no hay historias ni indicio de las vidas concretas, personas; niños, ancianos, mujeres y hombres que desaparecieron en segundos. Estética de la muerte.
Las cosas se complican más aún si intentamos enterarnos de los sucesos y lo que se nos ofrece a través de los medios son absurdas infografías, que muestran el exquisito e impactante diseño de las armas, o cuadros que detallan la magnificencia del alcance tecnológico de la época, sin contextualizarlos en el horror. Documentales televisivos, periódicos, enciclopedias del exterminio disfrazado de cultura general, a color y en dvd (todavía la segunda guerra sigue generando ganancias a grupos empresarios).
Resulta imposible comprender (o al menos aceptar) que hay asesinos en masa que el mundo civilizado no ubica en la categoría de genocidas. Antes y hoy, desde Roosevelt y Truman, con su carrera por alcanzar la primera explosión nuclear; hasta Bush, Blair y Aznar, sedientos de petróleo y gas desangrando Irak y Afganistán.
Como siempre, los intereses comerciales se disfrazaron de necesidades de autodefensa ante enemigos inhumanos. Los banqueros financiaban las guerras, a intereses que ponían a los pueblos a trabajar y endeudarse, para obtener ganancias abismales. Al fin y al cabo de eso se tratan todos los conflictos bélicos, de negocios resueltos a la fuerza.

Había una vez… un buen negocio

El 8 de diciembre de 1941, un día después del bombardeo japonés a Pearl Harbor, Franklin Delano Roosevelt ponía en escena su mejor actuación al afirmar que EE.UU. estaba “en paz” con Japón, y fue “repentina y deliberadamente atacado” por ese país.
La verdad es que desde 1922, fecha en que se impuso al Japón un acuerdo para limitar el crecimiento de su flota marítima, EEUU y Gran Bretaña intentaban impedir su desarrollo económico con presiones y trabas...
Con la clara intención de establecer la llamada Gran esfera de co-prosperidad del este de Asia, y a la vez con delirios imperialistas, en julio de 1941, Japón
introdujo sus tropas en el sur de Indochina, territorio controlado por Francia hasta su caída ante Alemania, por lo que Estados Unidos decidió tomar represalias, las cuales consistieron en embargos comerciales y la reducción del suministro de petróleo al país en un 90%. Debido a estas sanciones, así como las impuestas por británicos y holandeses, el comercio exterior de Japón disminuyó en un 75 por ciento.
En este contexto, el 5 de noviembre el Emperador Hirohito decidió declarar la guerra a los
Estados Unidos si no se levantaba el embargo petrolero para finales de mes. El 7 de diciembre la Primera flota japonesa lanzó un ataque aéreo sobre Pearl Harbor, por lo que al día siguiente, el Estados Unidos declaró la guerra a Japón como respuesta a la solicitud del presidente después del discurso de Franklin Roosevelt: "ayer, 7 de diciembre de 1941 -una fecha que pervivirá en la infamia- los Estados Unidos de América fueron atacados repentina y deliberadamente por las fuerzas aéreas y navales del Imperio de Japón".
El ataque a Pearl Harbor se llevó a cabo tan sólo un día después de que Roosevelt autorizara el proyecto secreto “Manhattan Engineering District” para producir bombas atómicas.

Un par de datos ilustrativos del contexto y el pensamiento de la época: la prensa norteamericana se refería a los japoneses como “simios en caqui”. Muchos estadounidenses, incluyendo a Roosevelt, descartaban a los orientales como pilotos de caza porque se presumía que todos eran “cortos de vista”.

Lamento decirte que Einstein…


La historia oficial nos habla de científicos que querían contribuir a la humanidad y después vieron que su obra fue utilizada para hacer el mal por los gobiernos y las cúpulas militares. Pobres inocentes engañados en su buena fe, o al menos gente que sólo quería construir un arma que utilizada en un desierto sirviera de amenaza para así detener la guerra.
El 2 de agosto de 1939, Albert Einstein dirigió una carta a
Roosevelt, para ponerlo al tanto acerca las investigaciones realizadas por los científicos Enrico Fermi y Leó Szilárd, mediante las cuales el uranio podría convertirse en una nueva e importante fuente de energía. “Este nuevo fenómeno podría conducir a la fabricación de bombas y, aunque con menos certeza, es probable que con este procedimiento se pueda construir bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes”, le escribía Einstein.
Roosevelt ordenó realizar el Proyecto Manhattan, puesto en manos del coronel de ingenieros militares Leslie Groves. Para dirigir la parte científica del Proyecto Maniatan se designó al científico Robert Oppenheimer. El italiano Enrico Fermi, premio Nobel de Física, creó el primer reactor experimental en la Universidad de Chicago. La Universidad de Harvard participó con la donación de un reactor. Trinity, como era llamada en código la ciudad secreta, base central del macabro proyecto, llegó a tener cuatro mil habitantes.

Cuando todo estuvo listo en julio de 1945. Hitler ya se había suicidado y Alemania se había rendido a principios de mayo. Los medios hablan, hoy en día, del horror de los científicos que trabajaron en el desarrollo de la bomba al saber que esta sería utilizada contra Japón… ¿construyeron un arma de destrucción masiva y no imaginaron que podría emplearse para matar a
alguien?
La historia cuenta que hasta el general Dwight Eisenhower, comandante supremo en Europa, se pronunció contra las inminentes masacres de Hiroshima y Nagasaki. En verdad los argumentos fueron aceptados por una gran parte de la humanidad enceguecida y fanatizada, hacia alguno de los dos polos de la guerra, hipnotizada por la maquinaria camaleónica y perversa del
poder. La excusa central para justificar la matanza convenció al mundo civilizado: “era necesario acortar la guerra para evitar que medio millón de soldados estadounidenses murieran durante la ocupación del territorio japonés”. No muchos fueron capaces (y hasta el día de hoy es así) de darse cuenta de que quienes morían pensando en sus ideales y en su pueblo lo hacían, en realidad, por la miseria y la rapiña criminal y genocida de quienes digitaban uno u otro frente.
Tanta fue la ceguera y el grado de criminalidad de los dirigentes de todos los estados involucrados, que luego de Hiroshima, sólo transcurrieron tres días para que se soltara la segunda bomba nuclear en Nagasaki y ocurriera otro asesinato en masa. Ni a un bando le alcanzó el tiempo para aceptar que tenía que rendirse (y frenaba la decisión para negociar y salvar intereses monárquicos y políticos), ni al otro la paciencia para esperar o ceder algún punto en la incondicionalidad de la capitulación exigida a los inminentes vencidos.
Rusia, para no perder una tajada de la torta, llegó a apurar una ofensiva en Manchuria después de la medianoche del 9 de agosto, y once horas antes de la última detonación atómica declaró oficialmente la guerra al Japón.

El genocidio I

El 6 de agosto de 1945, a las 8:36, hora local, fueron masacradas en Hiroshima de manera instantánea 70.000 personas sin distinción de género ni edad, e inmediatamente morirían más hasta superar las 250.000 víctimas registradas en la actualidad. Para tomar noción del estrago, alcanza con destacar que a los dos meses ya eran 140.000 las vidas perdidas. Es necesario explicar que por las consecuencias de la radiación se produjeron decesos en el momento y continuaron en el tiempo extendiéndose hasta nuestros días (sin evaluar otros daños físicos y psíquicos).

Asesinos

A esta altura de las circunstancias, hoy queda claro que el asesino Adolf Hittler no llegó a perfeccionar su afición a las matanzas masivas lo suficiente como para tener la bomba antes que los Aliados, sólo por falta de tiempo. Pero Roosevelt y Truman mostraron que podían ser tan animales, tan criminales, y más eficientes en la masacre que el líder nazzi. Aunque a nadie en aquel momento (y a muchos hoy en día) se le hubiera ocurrido igualarlos en la categoría de genocidas por ser ideólogos y responsables de los asesinatos en masa de cientos de miles de niños, ancianos, mujeres y hombres.
Dieciséis horas después del ataque el Presidente Truman anunciaba públicamente el uso de una bomba atómica desde su confortable puesto de mando. “Los japoneses -decía- comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. [...] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra”.

El genocidio II

El 9 de agosto, a las 11:01 la segunda bomba explotó en Nagasaki (originalmente iba a ser arrojada en Kokura, pero esto no ocurrió por el mal tiempo reinante en la zona y otras causas menores) a casi 3 kilómetros de distancia del punto planeado originalmente (este error evitó más muertos porque los blancos elegidos en las dos ciudades destruidas eran centros urbanos). La detonación, equivalente a 22 kilotones, generó una temperatura estimada de 3.900 grados Celsius y vientos de 1005 km por hora. Inmediatamente fueron masacrados de un solo golpe 75.000 seres humanos, después el total superaría los 145.000.

Rendición

En Japón el consejo de guerra aún insistía en defender sus cuatro condiciones para admitir la rendición del país. El Emperador ordenó notificar a los Aliados que aceptaría los términos de la rendición con una sola condición: que no se comprometiera ni exigiera ningún detrimento a la prerrogativa de su majestad como gobernante soberano. Hirohito afirmaba que la guerra continuaría si la kokutai (el sistema monárquico y político establecido) no se preservaba. Los aliados aceptaron e Hirohito grabó, el 14 de agosto, su anuncio de capitulación, que fue difundido en toda la nación el día siguiente. En su discurso decía que “el enemigo ha empezado a utilizar una bomba nueva y sumamente cruel, con un poder de destrucción incalculable y que acaba con la vida de muchos inocentes. Si continuásemos la lucha, sólo conseguiríamos el arrasamiento y el colapso de la nación japonesa, y eso conduciría a la total extinción de la civilización humana”.

Hibakusha

Las víctimas sobrevivientes de los bombardeos son llamadas hibakusha, una palabra que significa “persona bombardeada”. Hasta el año pasado, 243.692 hibakushas eran reconocidos por el gobierno japonés, la mayoría vive en su territorio. El Estado de ese país además asegura que en el presente el uno por ciento de dichos sobrevivientes padece alguna enfermedad generada por la radiación.
En las dos ciudades se actualizan todos los años los memoriales que llevan inscriptos los nombres de las víctimas. Las listas de los hibakusha que han muerto desde los bombardeos se completaban, en el anterior aniversario de la masacre, en 2008, con los nombres de más de 400.000 seres humanos, 258.310 en Hiroshima y 145.984 en Nagasaki.
Cuatrocientas mil personas, civiles en su inmensa mayoría, a cambio de quinientos mil soldados estadounidenses… el balance cerraba bien; aunque estos son sólo números (la gente ya no existe, claro).
Lo cierto es que todo ya es pasado, nadie quiso pero ocurrió y, como dijo Albert Einstein, "Condeno totalmente el recurso de la bomba atómica contra Japón, pero no pude hacer nada para impedirlo". Si no pudo él ¿quién hubiera podido?

Monumento a la paz de los niños


Sadako Sasaki, era una niña japonesa que fue expuesta a la radiación de la bomba atómica arrojada en Hiroshima a los dos años de edad. A los doce su cuerpo manifestó los daños y desarrolló leucemia. La pequeña fue internada.

Al poco tiempo de permanecer en el hospital recibió cien grullas de papel para motivarla en su recuperación. Con el deseo de vivir comenzó el senbazuru, antigua creencia japonesa de que al realizar mil grullas de papel se cumplen los deseos de quien las hace. Pero a pesar de esas ganas de luchar, tras ocho meses de padecimientos, falleció en presencia de su familia.

Sus compañeros de clase hicieron una llamada nacional para honrar a todos los niños que murieron por la bomba. Con la ayuda de más de 3.100 escuelas del Japón y de otros nueve países se pudo construir esta estatua de bronce.

En varios sitios del parque memorial en que se emplaza podemos ver cientos de figuras de origami que gente de todas partes lleva al lugar en homenaje a Sadako.

El monumento se terminó y presentó para el 5 de mayo de 1958, en el día de los niños en Japón.

jueves, 23 de julio de 2009

Obama blanquea


Por Juanjo Aguilera

EEUU necesitaba ser blanqueado después de tanta destrucción, de tanto crimen de lesa humanidad a manos de su ejército asesino bajo las órdenes de Bush, quien pasó su mandato persiguiendo fantasmas y armas de otra dimensión jamás vistas, y por supuesto, jamás encontradas. Y quién mejor que Barack Obama, quién mejor que un negro para una tarea sucia. Eso sí, un negro sin pasado, un poco desteñido, de raíces desteñidas y sonrisa limpia, no sea cosa que se manche el sillón.
Esta afirmación, dirán muchos, es asunto de atrasados y de gente ignorante que no puede ver los horizontes del progreso, que miran sólo el pasado que nunca importa porque está pisado; zurdos, en una palabra. Es que no ven que, ahora sí, la Gran Nación del Norte dejó el racismo atrás, ya todos los blancos aman a los negros, y estos a los latinos; ya nadie se discrimina entre sí en esa bendita tierra.
Ya las tropas se retiran y nunca más invadirán ni se entrometerán en otros países y asuntos que no les incumben. Ya el petróleo y el gas no interesan y la vida de un niño subdesarrollado vale más que un barril de crudo nuevamente. ¡Más aún, que cien barriles, que todos los barriles del mundo!
Probablemente eso y muchas otras cosas dirán. Nadie pensaría que es todo parte de un plan (y si ocurre qué importa, ya estaría hecho). Nadie creería que un negro pueda blanquear una oscura maquinaria criminal imposible de parar, que se alimenta de carne de pobres, de tierra de indios, de trabajo de niños, de hambre, sed, enfermedad…
Nadie podría desconfiar de un negro con cara de bueno, si alguien osara hacerlo sería acusado inmediatamente de resentido, de retrasado que cree en países que funcionan a base de guerras y explotación, de troglodita que fantasea con que algún estado que mantiene su ritmo de vida y consumo gracias al hambre de las demás naciones.
Yin y yang, blanco y negro, para que uno sea debe existir el otro. No hay primer mundo si no hay sub-desarrollo. No puede haber rico sin pobre. No hay EEUU ni Europa sin países pauperizados, sin continentes enteros sumergidos en la miseria.
Muchos dicen que ellos son diferentes y gozan de la abundancia porque nadie tuerce el camino entre sus gobernantes… Y es cierto, todos andan derecho, la corrupción allí no existe, como la basura, la sacan fuera, la envían al patio trasero, la enquistan en nuestro territorio.
Cuando uno es chico necesita de los cuentos y la fantasía. Pero llega el momento en que seguir creyendo en la historia de la Cenicienta nos causa daño. Los príncipes y los poderosos tienen su lugar y no aman a los pobres ni los rescatan de su miseria, de hacerlo ellos dejarían de existir.
En cuanto a Barack Obama, es hora de comprender que todo fue un bonito deseo, como parte de una novela maravillosa, pero recordemos que no fue elegido por millones de ciudadanos en su nación para corregir esta historia de desigualdad en el mundo. O será verdad que EEUU es el guardián de la paz universal y su presidente, por fin negro, vino a poner las cosas en su lugar.

jueves, 2 de julio de 2009

Influenza - Otra bomba de exterminio sale del laboratorio


Por Juanjo Aguilera

“Quién fue el que te parió, asesino de probeta…”

Así atacaba el estribillo de la canción compuesta por el mítico Mezo Bigarrena, “La rosa fantasma” , a principios de la década del 80. Por aquellos años impactaba la noticia de la peste rosa, nombre informal y primitivo del SIDA, provocado por el VIH (es curioso, sólo letras sueltas y hoy todos sabemos de qué se habla).
Cuando a alguien se le ocurrió preguntar de dónde salió esa enfermedad de fin de siglo XX, que nunca había sido informada, todos se conformaron con una explicación fantástica: se trata de un virus que portaban los monos africanos y que transmitieron al hombre por vía sexual; algo mutó y castigó a quienes cometían bestialismo (relación sexual de personas con animales, dicc. RAE). Y esto se trasladó inmediatamente, claro, a las otras bestias, los que no entendían los mandatos de Dios en la cama. También se habló de primeros casos reportados de forma aislada a mediados de los años 60.
Parece asunto de locos, un cuento de manicomio, pero fue la excusa global, una mentira infantil que nadie cuestionó, que nadie fundamentó, y peor aún, que ningún medio de información del mundo corroboró o rebatió.
Todos prefirieron aceptar y olvidar rápido estos argumentos torpes hasta el ridículo y así millones de personas murieron en este planeta, sin saber realmente por qué y a manos de quién, mientras las multinacionales dueñas de los más grandes laboratorios se enriquecían con la venta de sus nuevos cócteles químicos.
Hoy, ya que nuestra memoria parece ser más selectiva que colectiva, no alcanzamos a recordar cómo comenzó aquella historia y ya vivimos una nueva, o mejor dicho revivimos el pasado. Se dice que un virus cambió su estructura y pasó del cerdo a una vieja campesina mexicana (si hasta aparecieron fotos), y así surgió reconvertido para matar a quien se le ponga enfrente.
El pánico, la pandemia, y otra vez a cuidarse en todo el mundo del contacto físico, hasta de los besos y de darse las manos, como aquella vez. Y como entonces nadie pregunta de qué manera se las ha arreglado el virus para mutar por arte de magia dentro de un porcino.
¿O será verdad? Será que un cochino auténtico, tal vez un grupo de cerdos logró reconvertirlo hasta alzar nuevamente hacia las nubes la productividad de los negocios de la enfermedad y la muerte.
Decían que el Mezo Bigarrena era un loco lindo, y que de tan loco el Vasco se colgó hacia el suicidio en un árbol del Parque Lezama en Buenos Aires. Antes de irse grabó dos discos y en los dos repitió para nuestra memoria (memoria: auténtico tratamiento efectivo contra el genocidio) la canción cuya letra parece ser hasta el momento el único escrito público contra la gran verdad ignorada. “Quién fue el que te parió, asesino de probeta…”.
¿De qué laboratorio salió esta nueva y productiva arma química? ¿Quiénes son capaces de matar miles o millones de humanos indefensos, desde los que están en el vientre hasta los que se despiden en su vejez? ¿Quienes son los verdaderos monos que gestaron esta nueva peste?
La impunidad es hija del olvido, y de él se alimentan los depredadores de nuestra era, los sicarios del sistema.

viernes, 19 de junio de 2009

Clinton de gira… por el burdel


Por Juanjo Aguilera


Es curioso, los porteños llaman metafóricamente “salir de gira” a las recorridas nocturnas non sanctas. Y bueno, un ex-mandatario tiene responsabilidades ineludibles y no puede negarse a las actividades que cada ocasión demanda.

Durante su paso por Buenos Aires el ex- presidente de EEUU, Bill Clinton, pasó un buen rato en “Cocodrilo” o, para los amigos que no conocen los sitios populares de esta ciudad, el burdel más famoso de la Argentina.
Al enterarse de la noticia muchos vieron proyectadas en sus mentes las caras de algunos personajes más, cuyos nombres sonaron dudosamente durante las últimas semanas, como las del italianísimo magnate político Silvio Berlusconi, o la del presidente de Paraguay, Fernando Lugo.
A priori resultaría fácil condenar a estos hombres ante la opinión pública por sus conductas reñidas con la moral. El italiano con sus fiestas calientes, el paraguayo ex-obispo con su chorrera de hijos que lo reclaman, o el estadounidense al que se le escapan de los bolsillos las secretarias y las bailarinas.
Pero el problema no está en ellos, sino en la doble moral que usa la sociedad para recostarse y sentirse pura e inmaculada… perfecta. Y para llegar a ese estado ideal debe erigir ídolos, próceres intachables de los que se espera un mea culpa cuando dejan ver su Lewinsky.
Doble moral que borra a presión la sexualidad de los curas, y prefiere los abusos deshonestos mientras se mantengan ocultos, para evitar las herencias en manos de posibles viudas de sacerdotes.
Doble moral que ha pagado oficial y públicamente las orgías de los padres de la patria en cada nación. A modo de ejemplo basta ver las facturas del padre del aula Sarmiento inmortal, tal como documenta en su libro "Argentina con pecado concebida" Federico Andahazi.
Cada país tiene una ciudad que lleva el nombre de un explotador, cada ciudad tiene alguna calle o importante avenida bautizada en honor a algún asesino de masas. Haga memoria, piense en esto, dondequiera que esté.
La verdad, no creo que tenga importancia dónde ni cuando se baja la bragueta Clinton, Berlusconi o quien sea. Lo grave es detenernos en trivialidades y pedirles que sean hombres cabales en ese sentido y no en lo que atañe a la política.
Si Lugo tiene veinte hijos es bueno que los reconozca, es lo que debe hacer si se llama asimismo hombre. Pero, mientras esto ocurre o no, es mejor que nosotros caigamos en la cuenta de que si en el Paraguay existen tantos chicos sin padre que los reconozca por cuestiones culturales tan arraigadas, tal vez sea porque que ese país alguna vez se quedó sin hombres por el genocidio de la guerra de la triple alianza; encomendada a la Argentina, Brasil y Uruguay por los banqueros Británicos. Exterminio celebrado precisamente por Sarmiento: “por suerte allí no queda con vida ningún hombre mayor de diez años”.
Doble moral que no permite pensar en la raíz de los problemas, o hacernos las preguntas importantes: mientras todos hablamos de la gira de Clinton por los burdeles, ¿qué vino a hacer realmente al patio trasero el ex-presidente del bando menos brutal del imperio?

sábado, 13 de junio de 2009

Gran oferta: un pasaporte al precio de un brazo

Por Juanjo Aguilera

"12 de junio de 2009, 11:32 AM. MADRID (AP) - El gobierno español regularizó el viernes la situación del ciudadano boliviano que perdió el brazo en un accidente laboral y cuyos jefes decidieron supuestamente tirar la extremidad amputada a la basura".

Pasaporte a solo un brazo. ¡Gran oferta, vea qué precios tan accesibles! Parece ser que los documentos del primer mundo cotizan bastante bien.
La vicepresidente española María Teresa Fernández de la Vega dijo que el gobierno de su país tomó la decisión de legalizar al accidentado Frans Rillés por razones humanitarias.
Es claro que su zurda estaría hoy en su sitio, junto con un documento perfectamente otorgado, si en vez de trabajar en una panadería el hombre hubiera sido un hábil tenista con pretensiones de nacionalizarse y que su juego representara a la península.
Europa escupió hacia América lo que le sobraba (entre esos millones de hambreados mis abuelos), sin embargo, si su sangre quisiera retornar a través de los nietos el camino se complicaría, como si se tratara de volver de la tierra a la luna. Para las autoridades de los gobiernos europeos (y para muchos de quienes las eligen creyendo, entre otros, el cuento de que los inmigrantes son los responsables causantes de la falta de empleo y no el perverso sistema financiero) los descendientes de aquellos que escaparon del hambre y la miseria deben probar que sus raíces son sus raíces, casi como en un juicio, acusados del crimen de existir de más.

Los poderosos de Europa tomaron de América, de África y de Asia lo que les faltaba; y nada tienen que ver con esto los ciudadanos comunes que nacieron en el viejo continente desde hace quinientos años a la actualidad. Pero tampoco nada tienen que ver quienes estuvieron y están del otro lado, tras ese muro invisible. Esos que fueron pobres para que alguien sea rico.
Pero, para ser justos, hay que decir que no es que alguien del exterior no pueda mudarse allí, al contrario, muchos extranjeros desembarcan día a día para radicarse y encuentran un lugar adecuado, perfecto para ellos. Siempre hay espacio para los esclavos del nuevo milenio. En nombre de la libertad de empresa, la libertad de comercio, la libertad de las oportunidades se trafica humanos. Hay dos clases: legales e ilegales. La primera categoría incluye deportistas para los incontables neocircos romanos, investigadores para los grandes laboratorios (que nos exportarán medicamentos prohibidos dentro de la Comunidad Europea o en evaluación), ingenieros y doctores para las grandes obras que requieren elevados pensamientos; la segunda categoría contempla camareros para servir a quienes no gustan de servir, lavaplatos para que nadie tenga que ensuciarse las manos, fontaneros o plomeros para que destapen las grandes cañerías y se hagan cargo de los excrementos de quienes han comido, y por supuesto, prostitutas para el postre. Está claro que para esta segunda especie no hacen falta documentos ni papeles ya que, si lo pensamos bien, no existen, son algo así como vivos en pena atrapados entre el limbo y el infierno del único mundo que vale la pena vivir.
Y allí va, pobrecito, Frans Rillés, boliviano, panadero, ahora con papeles y juramento de fidelidad a la corona, sin su brazo que de todas maneras no servía ya que, además de ser el de un indio, era el izquierdo y nada tenía que ver con la derecha.

© Copyright, Juan José Aguilera

jueves, 11 de junio de 2009

Miradas



Por Juanjo Aguilera

A modo de editorial...


La objetividad es un horizonte, y como tal, una línea imaginaria. Es contradictorio llegar a ese paraíso utópico si el punto de partida es un sujeto. Sin embargo, en los primeros pasos se le enseña a todo periodista o comunicador que alcanzar esta meta es la primera condición para ser un profesional honorable.

Sería bueno corregir este postulado y encuadrarlo en una condición más humana y menos hipócrita. Entonces podríamos remplazar el término por una de las palabras más bonitas que tiene nuestra lengua: honestidad.

Quienes trabajamos con información debemos sincerarnos y dejar de correr tras esa zanahoria atada por delante de nuestras narices. Son nuestros recortes acerca de la realidad, en pasado, presente y futuro, los que ayudarán al resto a orientarse correctamente en este mundo salvaje, si es que somos sinceros.

La opinión y el análisis bien estructurados y elaborados a conciencia, son tan necesarios como las frías noticias y las crudas estadísticas o los miles de datos que circulan día a día en los océanos informativos.

A no rasgarse las vestiduras, la idea aquí planteada no implica tratar al público de ignorante. Hasta ahora nadie puede meterse en la mente de otro para conducir sus designios. Por el momento el poder sólo puede utilizar (que no es poco, claro) los medios para inducir, sembrando pistas falsas, balanceando verdades con versiones improbables; o mintiendo que es más importante la cobertura de un cotejo deportivo en nuestro país y merece más atención que una guerra al otro lado del mundo ya que, “objetivamente”, le interesa a más gente.

La propuesta concretamente es aportar voces sin intereses ocultos para que podamos elaborar pensamientos más claros. Ayudarnos a levantar la cabeza para observar hacia dónde estamos corriendo y corregir nuestra dirección si es necesario.

Ante esta idea casi sacrílega para lo establecido por los viejos y queridos maestros del periodismo, alguien podría entrar en pánico e indignarse por este ataque a la “realidad, que se alcanza únicamente escuchando las dos campanas”. Nadie está proponiendo recortar verdades; por lo contrario, todas las voces tienen que ser escuchadas. Todas.

Nada por qué inquietarse, tengamos en cuenta que muchas veces la mentira opera desde supuestas versiones encontradas.

Recordemos, la muerte no tiene dos campanas, la tortura, el hambre, la explotación, la miseria en todas sus expresiones, no tienen dos campanas; el genocidio no tiene dos campanas.

Los Reyes Magos partieron hace mucho, y es más, objetivamente, no nos consta que hayan existido.

© Copyright, Juan José Aguilera
Contacto: sadarim.miradas@gmail.com